Simón sale de la cárcel, luego de cumplir diez años en prisión y se encuentra con Mejía,
un desconocido que lo espera en la calle para ofrecerle un trabajo. El convite es extraño. Simón lo mide con un disimulado recelo, sobre todo porque Mejía le da apenas datos menores de la tarea ofrecida, que sin embargo se dibuja como delictiva. Simón rehúye en un primer momento y se declara incompetente. De todos modos no tiene demasiada elección, así que acompaña y se encierra con Mejía en un aguantadero camuflado como taller de cerrajería. La llegada de una prostituta para que Simón satisfaga postergados deseos, escuda una segunda operación que cambia la historia.
La música original es de Rony Keselman, la coreografía y el asesoramiento corporal de Mecha Fernández y el diseño de vestuario y de escenografía de Julieta Risso.